miércoles, 20 de enero de 2016

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Otra carta, aún más impersonal de las muchas que te he escrito. Es irónico que nunca en estos tres años recibí una tuya. Hasta ahora no me había dado cuenta lo aburrida que se había vuelto nuestra relación. Siempre haciendo lo mismo, la misma rutina; ver tele, hacer el amor, comer, ver tele, dormir. Aburrido. Pero siempre tuve ideas de hacer algo diferente pero nunca las mencione porque sabía que no las ibas a compartir conmigo, la paja era más grande para ti que yo. Quería visitar museos contigo; el bellas arte, el contemporáneo, el museo de la memoria.
Pero no hablemos de nosotros, ya se volvió aburrido. Hablemos de las flores y lo hermoso que se ve mi patio en este tiempo. Los fuertes colores de las flores y rosas me hacían recordar a ti, pero ahora me hacen pensar en mí. En el tiempo y esa rica sensación de un día frio y que el sol te caliente la piel. En el arte y es interés ridículo que me dio por apreciarlo, talvez porque ahora veo diferente respecto a la situación. En mi perro y lo leal que es, odia estar solo porque sabe que esta viejo y necesita compañía hasta el fin de sus días.

Y de todas formas soy un desastre, en todos los sentidos, tengo mil ideas en mi cabeza todo los días todo el día, odio la rutina, odio lo normal, me asusta la gente, no confió en nadie (excepto en mi propia madre). Y la verdad es que mi corazón esta tan negro como el tuyo. Y está herido pero es inquebrantable. Decisiones la vida se basa en decisiones, pero esta vez yo no elegí esto. Es que el amor no muere, y si muere nunca hubo amor. Ya hay otra persona que llenara el vacío que deje en ti, pero te aseguro que no llenara ni la mitad. Decidí  dejarte atrás pisar los recuerdos, es que ya se me olvido hasta tu voz. ¿Y tú Manuel? ¿Elegiste bien las tuyas? 

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