martes, 15 de octubre de 2019

Shevek


El tiempo procede en ciclos, como también en una línea, un planeta gira: ¿ve? Un ciclo, una orbita alrededor del sol, es un año ¿no? Y dos orbitas, dos años, y así sucesivamente. Uno puede contar las orbitar interminablemente… un observador puede hacerlo. En realidad, con un sistema como ese medimos el tiempo. El contador de tiempo, el reloj. Pero dentro del sistema, del ciclo, ¿Dónde esta el tiempo? ¿Dónde comienza y donde termina? La repetición infinita es un proceso atemporal. Es menester compararlo, referirlo a algún otro proceso cíclico o no cíclico, para poder verlo como temporal. Y bien, esto es muy curioso y muy interesante, ya lo ve. Los átomos, usted sabe, tienen movimientos cíclicos, los compuestos estables están constituidos por partículas dotadas de un movimiento regular, periódico, un movimiento correlativo. En realidad, son los ciclos atómicos del tiempo reversible los que confieren a la materia la permanencia que hace posible la evolución.  Las pequeñas intemporalidades sumadas constituyen en el tiempo. Y luego, en la escala grande, el cosmos: bueno, usted sabe, nosotros pensamos que el universo todo es un proceso cíclico, una oscilación de expansión y contracción, sin ningún antes, sin ningún después. Solo dentro de cada uno de los grandes ciclos, en los que vivimos, solo allí hay tiempo lineal, hay evolución, hay cambio. Por lo tanto, el tiempo tiene dos aspectos. Esta la flecha, el rio fluye, sin lo cual no hay cambio, no hay progreso, ni dirección, ni creación. Y esta el circulo o el ciclo, sin el cual todo es caos. La sucesión sin sentido de instantes, un mundo sin relojes, sin estaciones, sin promesas.

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